Día Mundial del Medio Ambiente


de la Profesora Kristina Stojanovic Durand Hoefken
¡Queridos convivientes del planeta! regresar

Cuando al comienzo del año buscábamos entre los profesores la “víctima” para hablar ante ustedes en ese Día Mundial del Medio Ambiente, yo – habitante del distrito ecológico de Lima – levanté espontáneamente la mano.

Elegí vivir en Cieneguilla, a una hora de camino de mi centro de trabajo, para poder respirar aire puro y escuchar el sonido del aire, de los pájaros y del río, en vez del tráfico. Comienzo el día en la naturaleza, cargo mis energías haciendo Tai Chi en el techo de mi casa, despidiendo la luna y saludando el valle verde y los cerros en los primeros rayos del sol; luego en el camino al trabajo, me voy acercando poco a poco a la bulla, al tráfico y estrés que reina en la capital Lima. Asimismo, después del colegio dejo todos estos problemas atrás y vuelvo a respirar profundamente en el momento en el que veo los cerros secos interminables y el valle de Cieneguilla.

Sin embargo, el llamado distrito ecológico está lejos de serlo en verdad. Incluso acá hay mucha contaminación: los lugareños están acostumbrados (tal como lamentablemente la mayoría de los peruanos) a tirar su basura por todos lados, los visitantes limeños que regresan a la ciudad, tiran las bolsas con los deshechos por la ventana de su carro, hay chancherías en los cerros camino a La Molina, hay un basural inmenso al lado de la carretera donde queman la basura cada 2 ó 3 días, contaminando el aire con su humo apestoso. Hay gente que vive al lado recogiendo, en su pobreza, lo que encuentra entre los deshechos para su sustento. Luego está el lindo río, a lo largo del cual la gente lava la ropa. Los fines de semana se forman espumas de detergente. Además dejan la bolsa vacía de detergente y los restos del almuerzo tirados, así como algún zapato o polo olvidado. Finalmente no hay que dejar de lado la contaminación auditiva, por parte de los restaurantes que ponen su música a todo volumen, uno compitiendo con el otro, ahogando los sonidos suaves de la naturaleza y fomentando un ambiente eléctrico, enervante, ensordecedor.

La lista podría ser más larga pero acá me detengo. Si esas cosas suceden en un distrito ecológico imagínense la Capital, el resto del Perú, el mundo. Grandes empresas siguen cortando demasiados árboles, a pesar de que la selva está desapareciendo. Siguen amenazando la supervivencia de animales y plantas y siguen eliminando deshechos químicos peligros contaminando la tierra, el aire y las aguas.

La gente no es conciente de lo que hace. Si lo fuera ¿cómo pudiera estar contaminando, ensuciando y destruyendo su propia casa? La gente está ciega, porque si mirara, vería la belleza del mundo y nuestra dependencia de él, la interconexión con él y se esforzaría para mantenerlo.

Hay que cuidar el mundo. Somos parte de él. Junto con las plantas, los animales, montañas, mares, ríos, lagos y todo lo que existe en el planeta formamos parte de un sistema vivo que es nuestro cuerpo. Tal como una célula forma un sistema vivo o una familia o el sistema solar. Un sistema vivo está en equilibrio sólo si todas sus partes, interconectadas entre sí, contribuyen al equilibrio cumpliendo con su tarea.

En una familia no dejamos que pasen hambre tres niños para que uno engorde, cosa que sucede en la humanidad. En un jardín no destruimos la gran parte para cultivar una esquinita bella y fructífera. No nos cortamos brazos para tener piernas más fuertes. Con la tierra si hacemos tales cosas.

En las últimas décadas mucha gente ha comenzado a cuidar su cuerpo haciendo deportes y nutriéndose de una forma sana. Se han dado cuenta del daño que hace el no moverse, los vicios o la comida desequilibrada. Se han dado cuenta de lo bien que hace ser sano. La gente está cambiando en esto y goza de los resultados. Nuestro planeta es como nuestro cuerpo. Todos juntos estamos formando ese cuerpo mayor. Hace falta que seamos concientes de eso y que nos esforcemos en tratarlo bien y mantenerlo sano. Eso significa tratarnos bien entre nosotros, humanos, animales, plantas que lo formamos y mantenernos todos sanos.

Hemos hecho mucho daño a la tierra. En su afán de descubrir y progresar, el hombre no ha considerado la naturaleza y lo que provoca en ella y ha influido fuertemente en la evolución de ella: los cambios climáticos son fuertes y los científicos pronostican más catástrofes naturales como huracanes o arideces. Acuérdense del tsunami a fines del año pasado o del verano pasado en Europa, caliente como no lo fue hace siglos. Ambos hechos cobraron muchas vidas.

El nivel del mar subirá y por lo tanto disminuirá el área terrestre. Al mismo tiempo hay cada vez más gente de los cuales los pobres se están volviendo más pobres y numerosos cada vez y los ricos más ricos y escasos. Éramos dos billones de personas hace setenta años, ahora somos seis billones, el triple. Seremos ocho billones en quince años, y según los cálculos, no habrá espacio suficiente.

Hay cada vez menos agua potable (los científicos calculan que para el año 2020, 40% de la población mundial no tendrá agua suficiente para sus propios alimentos). Y donde el agua es escasa o está contaminada aumentan enfermedades, epidemias y muertes.

La biodiversidad está disminuyendo, o sea que especies de animales y plantas se están extinguiendo. Los científicos pronostican que en los próximos treinta años podrían desaparecer el 20% de todas las especies vivas y en los próximos cien años hasta 50%, la mitad de las que ahora habitan el mundo, si es que no cambiamos de actitud. Eso no sólo significa que las próximas generaciones no conocerán estos seres. Es mucho más. Cada ser tiene su función en el mundo la cual ni siquiera podemos imaginar en su totalidad. Su desaparición provoca desequilibrio.

Los cambios son cada vez más rápidos. Tenemos que reaccionar ahora porque ya nuestras generaciones están en peligro. No es mi intención asustarlos pero si quiero insistir en la urgencia de actuar. ¿Cómo? se preguntarán ustedes. Pues me parece fácil.

Son el egoísmo y la codicia lo que nos ha llevado hasta este punto, porque pensamos solamente en cómo enriquecernos y vivir materialmente cómodos sin importar el precio. Ese es el punto que hay que cambiar. Si queremos evolucionar tenemos que vivir lo bueno en nosotros y cumplir así con nuestra tarea en la tierra. Hay que pensar en nosotros mismos como en los demás y lo demás, acordándonos siempre que somos uno con todo lo que nos rodea y que pensar solamente en sí mismo no tiene futuro.

Cada uno tiene que comenzar consigo mismo, tratando de vivir dando lo mejor de si. Sabemos bien cómo. Ayudando a un amigo por ejemplo cuando tiene una dificultad, tratando a la gente con respeto, cuidando las plantas, los animales y evitando criar mascotas exóticas o comprar adornos hechos de ellas, compartiendo con gente más pobre lo que tenemos, ahorrando el agua, clarificando, reciclando y eliminando la basura, evitando usar demasiado embalajes y ser lo menos materialistas posibles porque eso a la larga causa basura y gasta mucha energía... Pueden desde ya educar a quienes no entienden la urgencia de un cambio de actitud y darles siempre un buen ejemplo. ¡Eso contagia!

La moda tiene que ser: cuidar el medio ambiente y ser personas con valores. Y justo acá en Perú vale la pena actuar. Hay mucho para salvar. El Perú es uno de los países con la mayor diversidad del planeta, el primero en el mundo en la diversidad de aves y mariposas. También cuenta con 84 zonas de vida de 114 reconocidas en la tierra. Vivimos en un país biológicamente muy rico habitado por personas que no lo saben y hay que educar en eso. Hagámoslo. Eduquemos y contagiamos a quienes podamos. Si cambiamos evolucionaremos, sino nos destruiremos.

Luego, cuando estudien y trabajen, cuando hagan sus proyectos y sean profesionales en lo que sea, hagan su trabajo concientemente y considerando el mundo que los rodea, háganlo en armonía con él y no sean egoístas que solamente piensan en enriquecerse. No piensen: “Ah, lo poquito que contamino yo o mi empresa...” Ese es el error de la humanidad. Todo se suma.

El medio ambiente no está solo alrededor de nosotros. Somos parte de él. Si queremos un mundo sano, bello, armónico y equilibrado tenemos que ser y actuar de esa misma forma armónica.

Seamos buena gente. Y viviremos en un paraíso. Salvemos la tierra.

Miraflores, 06.06.2005

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