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Disfrutar la Historia: una pedagogía de la imaginación, el cuerpo y la experiencia histórica en el Colegio Pestalozzi
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Disfrutar la Historia: una pedagogía de la imaginación, el cuerpo y la experiencia histórica en el Colegio Pestalozzi

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  • 07 De agosto De 2026

Aprender historia de forma vivencial en el Colegio Pestalozzi es parte de una propuesta pedagógica que busca conectar a los estudiantes con el pasado mediante experiencias significativas, imaginación y participación activa. Este artículo presenta el enfoque de nuestra propuesta educativa en el área de Ciencias Sociales, fundamentado en el principio de “aprender con las manos, […]

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Aprender historia de forma vivencial en el Colegio Pestalozzi es parte de una propuesta pedagógica que busca conectar a los estudiantes con el pasado mediante experiencias significativas, imaginación y participación activa. Este artículo presenta el enfoque de nuestra propuesta educativa en el área de Ciencias Sociales, fundamentado en el principio de “aprender con las manos, la mente y el corazón”.

En este enfoque, aprender historia de forma vivencial significa acercarse a los procesos históricos no solo desde la lectura y el análisis, sino también mediante experiencias que permiten observar, representar y comprender el pasado.

Aprender historia de forma vivencial

A través de actividades como la construcción de maquetas, las dramatizaciones históricas y las ferias temáticas, los estudiantes de secundaria abordan distintos periodos —desde la prehistoria hasta la Revolución francesa— desde una perspectiva experiencial y corporal. Este enfoque incorpora aportes de la museología, que muestran cómo la manipulación de objetos y la asunción de roles narrativos pueden favorecer la comprensión conceptual y la memoria a largo plazo.

Estas experiencias permiten aprender historia de forma vivencial y favorecen una participación más activa del estudiante en la construcción de su aprendizaje.

La metodología integra creatividad y rigurosidad analítica, evitando que la dimensión lúdica sustituya el pensamiento crítico. El texto sostiene que esta forma de aprender contribuye al desarrollo de la empatía histórica y a la comprensión de los procesos de cambio y continuidad, demostrando que disfrutar la historia no está reñido con el rigor académico, sino que puede fortalecerlo.

Aprender historia con las manos, la mente y el corazón

¿Alguna vez su hijo o hija ha llegado a casa contando lo que hizo en la clase de Ciencias Sociales? Es probable que, estando en Primero de Secundaria, haya tenido que diseñar con plastilina el menú de la prehistoria respondiendo la pregunta: ¿qué comían y cómo cocinaban en aquella época? Tal vez le contó sobre la megafauna de América desafiante para sus primeros habitantes: ¿qué animales encontraron y cuáles existen todavía? Quizá le mencionó que hay un debate vigente sobre el fuego y la agricultura: ¿producto del azar o resultado del ingenio humano? Estas preguntas y las actividades que las acompañan no son excepcionales: forman parte de la propuesta de enseñanza de las Ciencias Sociales en nuestro colegio, que, anclada en la acción creativa, recupera el principio fundamental de Pestalozzi: “aprender con las manos, la mente y el corazón”.

De las maquetas al pensamiento histórico

Es probable que su hijo o hija le haya pedido acompañarlo a la papelería para comprar cartulina, plastilina o pintura. Quizá incluso haya necesitado los bloques de construcción del hermano menor porque tenía que fabricar un feudo medieval. Detrás de esa maqueta, hay mucho más que una manualidad. Al diseñar un feudo, nuestros estudiantes se ven obligados a tomar decisiones que requieren un conocimiento histórico profundo. No se trata de describir las partes de un feudo, sino de que se pregunten: ¿qué revelan esas partes sobre la organización social del medioevo? ¿qué nos dicen sobre la forma en que se producía riqueza en aquella época? Es precisamente ese proceso de decidir qué colocar, dónde y por qué ponerlo allí que convierte una maqueta en una herramienta para pensar históricamente.

En el equipo de Ciencias Sociales, hemos incorporado aportes de la museología. Investigaciones recientes en este campo muestran que manipular objetos y asumir un papel dentro de una narración ayuda a comprender mejor los conceptos que esos objetos representan (Chu & Mazalek, 2019). En términos de Pestalozzi, se trata de aprender con las manos. Construir una maqueta, modelar con plastilina, incluso cantar o bailar son experiencias que fortalecen la comprensión y la memoria a largo plazo; permiten que el conocimiento histórico se ancle en vivencias concretas experimentadas a través de los sentidos: el tacto, el oído y el movimiento. A ello se suma la extraordinaria posibilidad que ofrece el Perú de visitar sitios arqueológicos y contemplar con nuestros propios ojos el pasado.

Investigar y dar vida a los personajes del pasado

En Segundo de Secundaria, usando una ruleta, se distribuyen personajes de la Edad Moderna y los estudiantes investigan sobre su vida. Después de explorar diversas fuentes, muestran qué han hallado actuando y explicando por qué pertenecen a dicha etapa de la historia. El resultado final es una feria temática donde aparecen navegantes, artistas, científicos, campesinos, reyes y reinas que hablan, discuten y defienden las ideas de su tiempo. Este tipo de actividades busca que la enseñanza ofrezca múltiples canales para que los estudiantes se apropien de la información atendiendo a la diversidad de sus formas de aprendizaje. Cuando la historia se toca, se construye y se vive, todos los estudiantes tienen la posibilidad de apropiarse con ella: aprender con la mente.

Debatir para comprender al otro: la empatía histórica

En Tercero de Secundaria comienza la argumentación. Es probable que su hijo o hija le haya contado sobre la Reunión de los Estados Generales. Ese día el salón se convierte en la Francia del siglo XVIII. Los estudiantes representan a los distintos estamentos de la sociedad y deben defender sus intereses, negociar y debatir con la presión del tiempo para lograr convencer al juez de que sus propuestas son las mejores. Muy pronto descubren que estudiar la Revolución francesa exige entender por qué personas con intereses tan distintos tomaron determinadas decisiones y defendían ciertos puntos de vista. Es a través de esta dimensión performativa que, combinada con el debate, se desarrolla la empatía histórica; la capacidad de comprender las perspectivas, decisiones y experiencias de las personas del pasado, poniéndose en los zapatos del otro.

Bien sea que asuma el papel de un comerciante mediterráneo o de una artesana de obrajes del Perú colonial, sus hijos están desarrollando una habilidad que ningún examen mide pero que transforma la manera en que se relaciona con los otros y con el mundo: aprender con el corazón.

La vida cotidiana como puente entre pasado y presente

Nuestro equipo está convencido de que la historia no es solo el ejercicio de leer fuentes y escribir ensayos; tampoco debe centrase exclusivamente en reconstruir y narrar batallas. Preguntarse qué comían los nazcas, cómo vestían los griegos, qué estudiaban los incas o cuándo empezaron a irse de vacaciones los romanos permite que los estudiantes establezcan puentes entre aquellas sociedades y su propia realidad. Es también un ejercicio privilegiado para entender dos conceptos centrales de nuestra disciplina: cambio y continuidad.

Creatividad y rigor: disfrutar la historia para comprenderla

Algunos podrían objetar que este modelo pedagógico sacrifica la profundidad analítica por el entretenimiento. Esta crítica parte de una concepción limitada del aprendizaje. No se trata de eliminar la redacción rigurosa o el análisis crítico de fuentes, sino de integrar “rigurosidad y creatividad” partiendo de la premisa de que el conocimiento se construye, se discute y se encarna. La maqueta no reemplaza al ensayo, pero lo enriquece. Para traducir ese conocimiento en texto, utilizamos estrategias de escritura como el método Hamburger, a través del cual los estudiantes aprenden que deben plantear argumentos: ideas generales y evidencias que los sostienen en una secuencia lógica. De este modo, la experiencia vivida se transforma en un texto estructurado, usando la creatividad como alimento para la argumentación escrita.

Al involucrar las manos en la construcción, la mente en la investigación-redacción y el corazón en la empatía, los estudiantes no solo aprenden hechos, sino que desarrollan su pensamiento y la sensibilidad hacia la alteridad. Esta no es una metodología lúdica en sentido superficial, sino una postura que reconoce que el conocimiento histórico se construye activamente, no se recibe pasivamente. Para nosotros, el legado pestalozziano ofrece un camino claro: disfrutar la historia no implica renunciar al rigor. Como profesores, es el acto más serio que podemos ofrecer a nuestros estudiantes. Quien disfruta la historia, la quiere. Y quien la quiere, transforma su realidad.

Referencias

Chu, J., & Mazalek, A. (2019). Embodied Engagement with Narrative: A Design Framework for Presenting Cultural Heritage Artifacts. Multimodal Technologies and Interaction, 3 (1), Article 1. https://doi.org/10.3390/mti3010001.

Sobre el autor

Clara Peña
Clara Peña

Profesora de francés e historia (IB)

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